10) Lunes - Diario de un Asesino
Besé sus frentes tibias, las miré una vez más y salí del cuarto, entornando un poco la puerta. Tomé la matera que había dejado sobre la mesada de la cocina, dí las últimas recomendaciones a Fátima, la muchacha que cuidaba de las niñas en nuestra ausencia, y salí de la casa rumbo al taxi.
El día estaba soleado y con una temperatura por demás agradable. En la vereda de al lado y como todas las mañanas, estaba Ana barriendo, una señora de unos 70 años que hacía poco tiempo había quedado viuda. Le hice adiós con la mano, a lo que ella respondió como era su costumbre con un "buen día mijito", y entré al auto.
De aquí en más todo sucedió muy rápido. Ni bien cerré la puerta del coche, y cuando me disponía a encenderlo, un grito agudo y desesperado se me metió en los oídos como una aguja. "Las niñas"-pensé, y salí corriendo del auto hacia la casa. El trayecto hasta ella se había teñido de pronto de una espesa oscuridad, y un viento húmedo y caliente me dificultaba el desplazamiento y la respiración. Casi a tientas llegué a la casa que también estaba a oscuras, y sin pensarlo fui directo al cuarto de las niñas. Abrí la puerta de golpe, y un silencio aún más filoso que el grito anterior me abrazó, y casi me hizo perder la conciencia. En el interior del cuarto todo estaba en penumbras y en calma por partes iguales. La pequeña lámpara de la mesita de luz estaba encendida apenas, al tiempo que un penetrante olor a azufre se me comenzó a meter hasta la médula. Me acerqué despacio a la cama de las niñas; estaban boca abajo. Giré sus cuerpos con cuidado, y al verlas creí morir. Sus pequeños pijamas que hasta hace un momento eran blancos como la nieve, estaban inundados en sangre, y sus caritas angelicales y hermosas habían perdido su forma, para pasar a mostrar los destrozos animales provocados por una hoja de cuchillo clavada con furia, una y otra vez, hasta el artazgo.
Abrí los ojos sobresaltado y ahí estaba ella, la rata, con las orejas levantadas y mirándome curiosa, en el centro de la pieza. Me senté en la cama, prendí un cigarrillo, y me fui al baño a lavarme la cara. Este lunes empezó como todos los lunes desde hace 20 años; con una pesadilla.
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Angel

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