Mientras sus lágrimas cambiaban las marcas,
sus labios no paraban de tiritar tristezas.
La noche iba cambiando su traje en un rojo amanecer,
y su sueño ya se había desvanecido.
Sus ojos marcados por la sequedad,
leen lineas vacías de realidad.
Mientras, bebe una embriagada soledad
consumida entre recuerdos melancolicos.
Ella bebe, se divierte y olvida,
mientras ella muere de sed, se aburre y solo piensa.
Piensa en las miradas de unos extraños
que pegados al cristal la miran sin pestañear.
Y no sabe si gritar o susurrarle al viento
algun sonido que sirva de escondite eterno.
Sus alas, como una flor, se marchitan
y vuelan envueltas en fuego,
dejando sus cenizas esparcidas en el cielo.
Y llorarle no le va a servir de nada,
ella se fue lejos, hace ya tiempo.
Un saludo,
Yolso.

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